4ª Revolución Industrial
A lo largo de la historia, las transformaciones económicas han tenido lugar cuando convergían nuevas tecnologías de comunicación con nuevos sistemas de generación de energía. La primera revolución industrial necesitó un siglo para implementarse, primero en Gran Bretaña y posteriormente en el resto de Europa y en los EEUU (desde mediados de siglo XVIII a mediados del siglo XIX). Después de 2.000 años sin cambios importantes en la manera de vivir de las sociedades occidentales, en poco más de cien años se pasó de una sociedad rural, basada en la agricultura y el comercio, a una nueva sociedad urbana, industrializada y mecanizada. Fue la mayor revolución de la humanidad desde el Neolítico. El mayor invento fue la máquina de vapor. Posteriormente llegaron el motor de combustión interna y finalmente la electricidad.
La segunda revolución industrial tiene lugar aproximadamente entre 1860 y 1914. Es decir, los cambios se han acelerado ya de una manera vertiginosa y en solo 50 años la tecnología permite unir a una gran parte del mundo. Este periodo se considera la primera globalización. El invento del avión, el teléfono, el automóvil y la utilización de nuevas fuentes de energía (como el petroleo y el gas), hacen que la industrialización se extienda por muchos más países. pero sin llegar aún a todo el planeta. Aumentan la diferencias entre la burguesía, que comienza a acumular capital, y el proletariado, que simplemente actúa como mano de obra. Nacen los primeros movimientos obreros y las ideologías políticas y sociales que quieren revolucionar el orden establecido. Este periodo de desigualdad, lucha de clases y hundimiento de los imperios europeos, trae como consecuencia las dos Guerras Mundiales.
A mediados del siglo XX comienza la tercera revolución industrial, primero con el nacimiento de los ordenadores y posteriormente con la creación de Internet. Las nuevas fuentes de energía renovable nos han traído la pila de combustible y finalmente el coche eléctrico. La globalización ha llegado hasta el último rincón del planeta (lo cual no siempre se ha demostrado beneficioso), especialmente a partir de la entrada de China en la OMC en 2001. Las redes sociales unen a toda la población mundial por primera vez. Se extiende el acceso al conocimiento a toda la humanidad, pero también el control de la población. Los avances en medicina, energía, transporte, telecomunicaciones, agricultura, etc., son enormes. Una gran parte de la población sale de la miseria, pero a un gran coste, tanto para nuestras sociedades como para el planeta.
Se considera que la primera revolución industrial marcó el inicio del período geológico denominado Antropoceno. A pesar de que algunos geólogos consideren que este periodo comenzó realmente con la implantación de la agricultura y el final de las poblaciones nómadas, en lo que todos concuerdan es en el hecho de que ha sido durante el siglo XX cuando nuestro planeta y nuestras sociedades han sufrido los cambios más radicales y en un menor espacio de tiempo. La combustión de materiales fósiles, y el desarrollo tecnológico derivado de esta tecnología, han traído como consecuencia un crecimiento exponencial de la población mundial y una modificación verificable de nuestro ecosistema. Evidentemente, nuestro planeta sobrevivirá a este nuevo periodo. Los que pagaremos el precio de la extinción seremos nosotros y la mayor parte de las especies animales y vegetales.
El siglo XXI ha acelerado de manera aún más exponencial los cambios que está sufriendo nuestra sociedad y nuestro planeta. Lo podríamos resumir en dos puntos claves: el incremento exponencial de la capacidad de cálculo de los ordenadores y la gestión de los metadatos. Esta combinación nos ha introducido en lo que se considera la Cuarta Revolución Industrial.
Los elementos claves de esta nueva era son:
Inteligencia Artificial, Big Data, Algoritmos, Machine Learning, Blockchain, Robótica, Internet of Things y Bio-tecnología.
Todos estos elementos se combinan entre ellos para crear aplicaciones que nunca habríamos podido imaginar y para la que tal vez podríamos no estar aún preparados. En pocos años hemos vivido el nacimiento de algunas de estas disfunciones que podrían llevarnos hacia una distopía: vigilancia y control de la población, riesgos medioambientales, tiranías y populismos, nuevos equilibrios geopolíticos.
Por primera vez en toda nuestra historia, existe el riesgo real de que la mayor parte de la población sea controlada por una minoría extremadamente poderosa. ¿Tenemos aún el control de nuestras vidas o lo hemos perdido definitivamente?